CIUDAD DEL ESTE. – La senadora liberal Celeste Amarilla volvió a desatar una ola de repudio nacional tras referirse despectivamente como “fronterizos comunes” a sus adversarios políticos, en un intento de menospreciar a la diputada Rocío Abed y, con ello, al pueblo trabajador del Alto Paraná, una región clave en la economía paraguaya.
Lejos de ser una periferia ignorante, el Alto Paraná produce más del 40% del PIB del país, concentra el dinamismo industrial, comercial y agrícola del Paraguay y es habitado por ciudadanos honestos que trabajan de sol a sol, sin privilegios heredados ni escudos blindados.
Las declaraciones arrogantes de Amarilla se suman a una larga lista de escándalos que marcaron su carrera política. En 2013, su esposo Frankling Boccia (+), entonces director de Itaipú, adquirió un lujoso departamento de USD 870.000 en el edificio Altos de Francia de Asunción, apenas cuatro meses después de asumir el cargo. La procedencia del dinero nunca fue aclarada.
Amarilla también admitió en plena sesión de la Cámara Baja que compró su banca en la época de las listas sábana por USD 200.000. En otra ocasión, confesó en una reunión partidaria haber pagado coimas a autoridades para conseguir contratos de merienda escolar mediante su empresa Arcángel S.A. (hoy Latinfood S.A.), cuyos servicios fueron duramente criticados por su baja calidad.
Tras el insulto “fronterizos comunes”, la respuesta ciudadana no tardó en llegar. “Andamos en vehículos convertibles porque no tenemos antecedentes que nos obliguen a escondernos en camionetas blindadas ni a vivir con miedo”, dijo un ciudadano esteño, aludiendo al contraste entre quienes tienen la conciencia limpia y quienes arrastran un historial de sospechas.
Incluso el senador Silvio Ovelar cuestionó la incoherencia de Amarilla: “Que critique la ostentación siendo ella misma quien luce carteras Gucci, cinturones Chanel y ropa que cuesta más que un auto, es una hipocresía”. Sin embargo, intentó minimizar la polémica diciendo: “Jahapa la vyrorei lo mita” (dejemos de hablar pavadas).
En Alto Paraná no abundan los herederos millonarios, pero sí personas honestas que se levantan temprano, trabajan con esfuerzo y dignidad, y no necesitan despreciar a nadie para sentirse superiores. Con orgullo, los esteños reafirman su identidad y rechazan el clasismo disfrazado de política.






