Este 1 de agosto se recuerda un nuevo aniversario de la tragedia de Ycuá Bolaños, el incendio que marcó para siempre la historia del Paraguay y dejó una herida aún abierta en la memoria colectiva nacional. Aquel domingo de 2004, el supermercado ubicado en el barrio Santísima Trinidad de la capital se convirtió en una trampa mortal para más de 400 personas, que murieron calcinadas o asfixiadas, mientras cientos más resultaron con heridas de diversa gravedad.
Lo que comenzó como una mañana de compras familiares terminó en una de las catástrofes más devastadoras de la historia reciente del país. El cierre de las puertas del local durante el siniestro, presuntamente para evitar saqueos, agravó la magnitud de la tragedia e impidió que muchas víctimas pudieran escapar a tiempo.
Cada aniversario es una jornada de profundo duelo, reflexión y persistente reclamo de justicia. Familiares de las víctimas y sobrevivientes, organizados en comités, mantienen viva la memoria a través de actos conmemorativos, ofrendas florales y caminatas silenciosas en el lugar del siniestro, donde hoy funciona un memorial.
Aunque la justicia paraguaya emitió condenas contra algunos responsables, los afectados consideran que las penas fueron insuficientes y que, a más de dos décadas del hecho, el Estado aún no ha cumplido con una reparación integral. “Seguimos esperando que se reconozca plenamente lo que pasó y que haya una verdadera justicia. No se puede permitir que una tragedia como esta quede en el olvido”, expresaron los organizadores durante el acto de recordación.
La tragedia de Ycuá Bolaños no solo dejó una marca indeleble en cientos de familias paraguayas, sino que también puso en evidencia falencias estructurales en la seguridad, el control estatal y la respuesta institucional ante emergencias. A 21 años del incendio, la memoria sigue viva y la exigencia de justicia, más firme que nunca.






