Un brote de listeriosis en Argentina, vinculado al consumo de un queso criollo contaminado con Listeria monocytogenes, encendió nuevamente las alarmas sanitarias en la región. Al menos 11 personas resultaron afectadas —incluyendo embarazadas y adultos mayores—, en una enfermedad que puede alcanzar una tasa de mortalidad de hasta el 30%. Las autoridades argentinas procedieron a decomisar lotes de queso y a ejecutar un operativo sanitario nacional para contener el riesgo.
La gravedad de este brote recuerda la situación en Paraguay, donde la cadena de minimercados Biggie fue suspendida temporalmente tras detectarse productos vencidos y reetiquetados en 12 sucursales. Jorge Iliou, titular de la Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria (Dinavisa), respaldó la suspensión de los 263 locales de la firma hasta garantizar el cumplimiento de las normas de inocuidad alimentaria.
Aunque en el caso paraguayo no se registraron víctimas, especialistas advierten que la combinación de productos vencidos, almacenamiento inadecuado y deficiencias en fiscalización representa un riesgo real para desencadenar brotes similares al de Argentina. La Listeria puede desarrollarse incluso en refrigeración, lo que aumenta la importancia de controles estrictos y supervisión constante.
La coincidencia temporal entre ambos casos plantea una pregunta urgente: ¿están nuestras autoridades preparadas para prevenir una crisis sanitaria de esta magnitud, o seguiremos reaccionando únicamente cuando sea demasiado tarde?
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