La Policía Nacional atraviesa su momento más oscuro. El suboficial Alejandro Britos presentó una denuncia formal contra el clan mafioso de los hermanos Arce, liderado por el Oficial Inspector Luciano Arce, revelando un esquema interno de terror, recaudación ilegal y amenazas que opera desde hace años con absoluta impunidad en el Este del país.
Los hermanos Arce actúan como auténticos capos al estilo de Al Capone. Sus propios camaradas los describen como dueños de una estructura que controla ascensos, traslados, recaudaciones clandestinas y disciplinamiento interno mediante amenazas. La Policía dejó de ser una fuerza de orden para convertirse en un territorio tomado por mafias uniformadas donde el miedo y la impunidad son moneda corriente.
La denuncia de Britos revela que los enfrentamientos ya no se dan entre policías honestos y corruptos sino entre mafias que se disputan territorio, recursos y poder dentro de la institución. Pese a la gravedad de los hechos la Fiscalía no abrió investigación, el Ministerio del Interior no reaccionó y el comandante y el subcomandante permanecieron en silencio demostrando que los Arce gozan de protección desde las alturas.
Las advertencias del senador Carlos Núñez sobre los “recaudadores de la corona” hoy se confirman y explican el conflicto que lo enfrentó con el ministro Enrique Riera señalado como parte de la estructura que protege a estos grupos. Mientras la ciudadanía observa cómo la Policía se descompone desde adentro, el presidente Santiago Peña permanece en silencio sin intervención, depuración ni respaldo a los denunciantes.
La denuncia de Alejandro Britos no solo expone al clan Arce sino a toda una estructura podrida que opera bajo uniforme y con aval político. Si el Ejecutivo no actúa queda claro que en Paraguay la Policía no combate a la mafia sino que en gran medida está infiltrada y controlada por ella operando con un poder paralelo al estilo de los clanes mafiosos históricos.






