Mientras Miguel Prieto intenta sostener su imagen de joven líder progresista y “diferente a los de siempre”, la realidad vuelve a golpear su discurso. Hoy, el intendente se encuentra bajo la lupa por una práctica que él mismo ha condenado durante años: la contratación de parientes, una forma clásica de nepotismo prohibida por ley.
Durante su comparecencia, Prieto admitió haber contratado familiares en la Municipalidad de Ciudad del Este, violando no solo la nueva ley de integridad en la función pública —vigente desde este mes—, sino también la anterior, que ya prohibía este tipo de vínculos laborales para quienes administran fondos públicos.
En un intento por justificar lo injustificable, el intendente declaró que la contratación ilegal trajo «más beneficios para la ciudad» y que la supuesta eficiencia de su equipo familiar compensa la violación legal. ¿Desde cuándo el fin justifica los medios? ¿Cuántas veces hemos escuchado este argumento de políticos tradicionales a los que Prieto dice combatir?
La excusa de que “logramos recaudar mil veces más” o que se trabaja con “gente de confianza” es el mismo discurso usado por otro intendentes y funcionarios cuestionados, a quienes Prieto ha atacado duramente en el pasado. Hoy, repite la misma lógica que juró cambiar.
Una de las frases más alarmantes de su declaración fue su afirmación de que violó la ley “solo un chiquitito”. Con esas palabras, minimiza un hecho grave: el uso indebido del poder para favorecer a su entorno familiar, lo cual constituye una falta ética y posiblemente un acto de corrupción administrativa.
Prieto no asumió ningún error. No pidió disculpas. No ofreció ninguna solución. Solo se refugió en frases hechas como “vayan y pregunten a la gente”, evitando responder con datos duros o explicaciones jurídicas. La transparencia no se declama, se practica.
Más aún, cuando se le recuerda que ha cuestionado públicamente a otros por los mismos hechos, responde con evasivas. Si se investiga a él, dice, entonces que se investigue “a todos los intendentes”. Una estrategia de defensa corporativa que delata a quien se siente parte de ese mismo sistema que finge combatir.
Miguel Prieto llegó con el discurso de renovación, transparencia y lucha contra la vieja política. Hoy, ese relato se desmorona ante los hechos, las contradicciones y su propia voz.
Nepotismo, doble discurso, relativismo legal. El intendente no solo debe responder ante la opinión pública, sino ante la ley. Porque de nada sirve prometer un nuevo país si se cae en los mismos vicios de siempre… apenas se llega al poder.






