La presunta caída del presidente venezolano Nicolás Maduro generó este sábado una inmediata ola de reacciones internacionales, luego de que Estados Unidos confirmara un ataque a gran escala contra Venezuela y anunciara la captura del mandatario y de su esposa, quienes habrían sido sacados del país, según informó el presidente norteamericano Donald Trump en su red Truth Social.
Desde Caracas, el gobierno venezolano denunció una “gravísima agresión militar” por parte de Washington, tras reportarse fuertes explosiones en la capital. En respuesta, las autoridades decretaron el estado de excepción y alertaron sobre una escalada del conflicto.
Aliados históricos y países cercanos a Venezuela expresaron un enérgico rechazo a la ofensiva estadounidense. Rusia condenó la acción militar al sostener que “no había justificación” para el ataque y que la “hostilidad ideológica” se impuso a la diplomacia. “Esto es profundamente preocupante y condenable”, señaló el Ministerio de Relaciones Exteriores ruso en un comunicado.
Irán, que mantiene estrechos vínculos con la nación sudamericana, también repudió “firmemente el ataque militar estadounidense” y denunció una “flagrante violación de la soberanía nacional y de la integridad territorial” de Venezuela. En la región, Cuba calificó los hechos como “terrorismo de Estado contra el bravo pueblo venezolano y contra América”, según expresó el presidente Miguel Díaz-Canel, quien además pidió una reacción de la comunidad internacional frente al “criminal ataque”.
Colombia, por su parte, rechazó los ataques “con misiles” en Caracas. El presidente Gustavo Petro ordenó la movilización de tropas a la frontera y solicitó que el Consejo de Seguridad de la ONU —del cual su país es miembro no permanente este año— se reúna de “inmediato” para abordar la crisis. En la misma línea, el expresidente boliviano Evo Morales repudió “con total contundencia” el “bombardeo” y afirmó que “Venezuela no está sola”.
En contraste, el presidente argentino Javier Milei celebró la ofensiva y la detención de Maduro con su habitual consigna: “Viva la libertad carajo”, marcando una postura opuesta a la de otros gobiernos de la región.
Desde Europa, la diplomacia española manifestó su disposición a “prestar sus buenos oficios” para impulsar una salida “pacífica y negociada” a la crisis. En Estados Unidos, las críticas también surgieron desde el Congreso: el senador demócrata Brian Schatz sostuvo que su país no tiene “intereses nacionales vitales sobre Venezuela que justifiquen una guerra” y advirtió contra “otra aventura estúpida”. En tanto, el senador Rubén Gallego calificó la acción como “ilegal” y afirmó que “no hay razón para que estemos en guerra con Venezuela”.
El escenario permanece en rápida evolución, con fuertes tensiones diplomáticas y llamados urgentes a la comunidad internacional para evitar una escalada mayor en la región.






